Ana Mar Gil - Pintura Figurativa - Interiores
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INTERIORES

BODEGONES CON MUCHO QUE CONTAR GRACIAS A LA GENIALIDAD DE  VELÁZQUEZ

Cuando Diego Velázquez, con toda su maestría y la fuerza del trazo casi perfecto de obras donde el realismo adquiere nuevos nombres, comenzó a crear sus bodegones, ese tipo de pinturas del costumbrismo sevillano que hasta ese momento eran catalogadas como un arte menor, adquirían entonces una nueva dimensión, la que le daba el maestro con su genialidad y es que los bodegones de Velázquez son todo un hito de la pintura universal.

Más allá del bodegón

 

Era la Sevilla de Velázquez una tierra de abundancia, gracias al monopolio del comercio con las colonias se había convertido en una ciudad muy movida y próspera. Sin embargo, el pintor ve más allá del momento e incorpora a sus bodegones de naturalezas muertas la figura humana, como una critica sublime, eran pobres que miran con desdén mientras en la mesa unos pocos víveres. No recreaba festines abundantes, se inclina más por los modestos comensales y es quizás esa característica en sus bodegones lo que los inmortaliza.

El bodegón en la obra de Velázquez

 

Velázquez pinta sus bodegones entre 1617 y 1623, antes de convertirse en pintor de la corte y mudarse a Madrid. Para ese momento de su vida disfrutaba de las largas conversaciones con su suegro y mentor Pacheco quien lo introdujo al mundo cultural sevillano. Podía Velázquez entonces asumir los bodegones como proyectos mucho más libres que los encargos, lo que nos permite notar ya algunos rasgos del impresionismo costumbrista.

Cuentan entre los bodegones más importantes de Velázquez; “El Aguador de Sevilla”, “Vieja friendo huevos”, “Cristo en la casa de Marta y María”, “Los tres músicos”, entre otros.