Ana Mar Gil - Naturalismo - Jardines
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JARDINES

JOAQUÍN SOROLLA Y LA LUZ EN SUS JARDINES

Plasmar el mundo tal cual y como él lo sentía, fue siempre uno de los objetivos de Joaquín Sorolla, el pintor valenciano para quien la naturaleza era su entorno y la luz una forma de crear.

Para Sorolla lo natural tenía un significado medular en su vida, admiraba las pequeñas cosas, esos detalles que descubría cada día, el aroma de las flores lo deleitaba. Cada carta que enviaba a su esposa cuando estaba de viaje era perfumada con flores de jazmín, lila o lavanda, la mejor forma para él de expresar su amor y su añoranza.

Sorolla pasaba horas en los jardines mientras develaba el baile de la luz y el color, trataba de captar el mejor momento para sus flores, los tenues y brillantes matices de ese naturalismo impresionista.

Una ventana a la intimidad

 

Era tal la fascinación de Sorolla por los jardines y la vida natural, que entre 1916 y 1920 llevaría al lienzo prácticamente todos los detalles del jardín de su casa madrileña, ya no eran las estampas de la playa mediterránea impregnada con lo externo el motivo protagonista de su pintura al óleo, para esos años ya mucho más maduro y reconocido, era lo íntimo, lo más cercano, el detalle mínimo de unas flores; aquello que se convertía entonces en el sentido mismo de su expresión plástica, más allá de la luz, está la suave sensación de calidez y bienestar que ella deja en quien la siente. Lograr expresar eso era el reto diario del artista.

El Museo Sorolla

 

La casa tantas veces pintada se convertiría ella misma en un motivo de arte, el museo Sorolla en Madrid nos permite disfrutar hoy de los jardines que cautivaron tanto al pintor valenciano, quien comenzaría con su obra “La alberca” a recrear esos lugares que le transmitían sosiego.