España es ante todo una forma de ser, donde la cultura es el reflejo de una esencia que trasciende al tiempo. Los toros, la pasión religiosa, la cocina, el fútbol y las artes son, entre otras, las características de una nación que inspira y atrae a propios y extraños.
La religiosidad, que acoge el sentimiento de entrega a Dios, junto a la admiración por quienes tientan al destino y enfrentan a la muerte en una faena de la fiesta brava son las características culturales que más han despertado admiración en los pintores españoles.
España es un pueblo de fe y admiración por la obra de Dios, eso lo podemos ver en las pinturas de muchos de sus famosos artistas, desde los consagrados del siglo de oro, hasta los grandes del surrealismo. Joaquín Sorolla nos deslumbra con su pieza inmortal “Los Nazarenos” en honor a la Semana Santa. Mientras Gutiérrez Solana retrata las procesiones a partir de imágenes que se dejan influenciar por el barroco y sus colores oscuros. Ignacio Zuloaga también evoca aspectos religiosos propios de las celebraciones españolas y Velázquez que nos deslumbra con su pieza inmortal “La adoración de los reyes magos” refleja una de las tradiciones religiosas típicamente españolas.
De la misma manera, Picasso sería uno de los pintores españoles que plasmó en varias de sus obras el enigma de la tauromaquia, desde trazos sencillos y hasta toscos que en pocas pinceladas describen el sentimiento que impregna la plaza de toros, durante esa apología a la vida, enmarcada en la muerte. “Víspera de la Corrida” de Ignacio Zuloaga es otra de las obras inmortales que reflejan aquello que rodea a la fiesta brava. Obras que junto a muchas otras de las llamadas dentro del costumbrismo español se abocan a esta temática que en la actualidad forma parte de la identidad ibérica.